La boda I: relato paranormal

Un comentario

Este trimestre estoy realizando algunos talleres del ayuntamiento sobre escritura y perfeccionamiento literario. En ellos, además de enseñarme a escribir mejor, me invitan a escribir relatos o fragmentos. Me gustaría compartirlos aquí, así, si alguien quiere leerlos u opinar puede hacerlo con libertad. O al menos para no perderlos.
En este primer relato he querido experimentar con un género al que no estoy acostumbrada y a una narración en primera persona, que tampoco utilizo nunca. Veamos qué tal el resultado.


La boda

High-Quality-ORGANZA-150CM-X-110-METETS-ROLL-FOR-WEDDING-EVENT-BACKGROUND-DIY-CHARI-BOW-OR.jpg_640x640

Cuando digo que la escena parecía la de una de estas revistas de decoración que hay en las peluquerías de señoras no estoy siendo exagerado. De hecho puedo ver por la ventana cómo las cámaras capturan cada detalle del jardín del palacio del siglo XVI que Sofía, mi esposa dentro de unas horas, ha preparado para nuestro día. Digo nuestro, porque al menos estoy de cuerpo presente, pero para mí todo el escenario es tan novedoso como para los reporteros de la revista. Sofía tiene  muy buen gusto y sabe dirigir, como buena hija de militares que es. Esa ha sido mi excusa para no tener que verme envuelto en la asfixiante tarea de organizar una boda. Ni siquiera he tenido que preocuparme de elegir qué voy a llevar puesto.

Todo gira en tonos chocolate y crema, con algunos detalles pequeños en lo que Sofía llama “fucsia royal” y yo “mermelada de frambuesa”. Mi boda entera parece un pastel. Yo mismo me siento como un muñeco de jengibre con este traje marrón oscuro y el chaleco en crema. Aunque la única cosa que realmente me desagrada es la corbata fina y rosa que Sofía ha elegido para mí. Ella dice que es para crear contraste. A mí me parece como cuando en los dibujos animados a un personaje le cuelga la lengua hasta el pecho, pero no voy a llevarle la contraria a estas alturas.

Se ha esforzado mucho en crear todo esto. Desde que nos comprometimos hace un año ha trabajado incansablemente, mientras que yo lo único que tenía que hacer era firmar cuando requería mi consentimiento o mi dinero. Es una buena mujer: es guapa, tiene buena figura y, a juzgar por la apariencia juvenil de sus padres, envejecerá bien. Siempre me gustaron las chicas de ojos azules, pero he empezado a ver cierto encanto en el tono caramelo de los suyos.

Mi teléfono comienza a vibrar. Es Sofía. Quizá pueda preguntarle si estamos a tiempo de elegir otra corbata. Solo espero que no se trate de un ataque de nervios por la boda.

—¡Sofía, preciosa! —le saludo con voz animada. Ya tuvimos una pequeña pelea por la aparente falta de entusiasmo que yo mostraba por nuestra unión.

—Hola, cielo. Perdona que te interrumpa ¿va todo bien por ahí? —Noto que está eligiendo cuidadosamente sus palabras. Está usando ese tono lento que utiliza cuando intenta calmarse.

—Todo está saliendo perfecto. Mi padre está en camino con las alianzas y justo estaba pensando en el maravilloso trabajo que has hecho para decorar este sitio. Eres una artista, cariño.

—Ya, sí… —dice distraída—. Perdona que cambie de tema, Lázaro, pero necesito que me escuches un momento —odio que me llamen por ese nombre, pero a juzgar por sus palabras, no es momento para discutir ese tema. Así que mascullo un inteligible “Manuel” que ella consigue escuchar, no sé cómo— ¿Qué? ¡Ah, como quieras! Manuel. Es lo mismo. Escucha. No salgas, ¿de acuerdo? Tenemos un pequeño problema en los pasillos y podría resultar peligroso.

— ¿Problema? —repito asimilando la idea—. ¿Qué clase de problema?

—Nada que deba preocuparte, cielo. Está todo bajo control. Confía en mí. Te quiero.

Antes de poder responder o seguir preguntando, Sofía me ha colgado. Vuelvo a asomarme a la ventana. No hay nadie en el jardín ahora. Ni los reporteros, ni los decoradores, ni los trabajadores del salón de bodas. Tan solo Sofía aparece, con el pelo aún recogido en rulos escondidos bajo una redecilla rosada, y una bata larga de satén con diseño de flores japonesas. Cruza el jardín, sobre la alfombra que nos llevará al arco nupcial lleno de flores blancas de guirnalda. Va descalza y lleva el teléfono en la mano. Me consuela saber que la crisis no es algo grave. Seguramente me ha pedido que no salga para que no la vea antes de la ceremonia. A veces es bastante supersticiosa. Levanta lo que yo creía que era el teléfono hacia el frente, apuntando como si fuera una pistola a algún lugar tras el altar. Suena un golpe seco y de su mano sale un cono de luz. Como si hubiera estado escondido en la oscuridad, aparece frente a ella un extraño ser del tamaño de un perro erguido sobre sus patas traseras, cubierto de pelo, fibras o algo así.

4480477_640px

— ¿Qué…?

Antes de que me dé tiempo a asimilar, y mucho menos reconocer lo que he visto, desaparece en una explosión de vapores “fucsia royal”. Sin apartar la vista de mi prometida y su arma, tanteo en la encimera en busca de mi teléfono. No consigo identificar lo que lleva en su mano desde aquí. Es un objeto negro que no se parece a nada que haya visto antes. Lo guarda antes de girarse hacia el edificio en el que estoy, impidiéndome verlo mejor.

 

Con el temblor de mi mano solo consigo hacer que caiga al suelo. Me agacho rápidamente a recogerlo y una segunda explosión hace que se me vuelva a caer de la mano mientras doy un grito más agudo de lo que me gustaría admitir. Lo recojo otra vez e intento llamar a Sofía. Por suerte, la tengo en números habituales, porque mis manos parecen tener un vibrador dentro.

— ¡Sofía! Sofía, cariño, ¿qué ha sido eso? —digo en cuanto escucho que se silencia el tono de la llamada.

—El número al que llama está apagado o fuera de cobertura — responde una voz robótica antes de que le cuelgue.

—Sofía, no me fastidies—maldigo. Debía de ser la primera vez en su vida que no estaba con el teléfono en la mano.

Me asomo de nuevo. No veo a nadie. Ni a nada. Dejo el móvil en mi bolsillo y aprieto y aflojo los puños para recuperar la habilidad de las manos. Respiro. Se me escapa una risa por lo ridículo que me siento. Menos mal que nadie me ha visto. Debo de haber tenido una alucinación. Ha sido a penas una fracción de segundo. La criatura es cosa de mi mente nerviosa por la boda. Salgo de la habitación hasta una terraza con bancos y me arrepiento de no haber traído conmigo uno de los puros habanos que tengo guardados para los invitados.

—No, mamá. Me prometiste que te encargarías —escucho la voz de Sofía desde abajo, en el jardín—. ¿Sabes que tengo a la prensa aquí? Ya me dirás cómo lo hago.

Me acerco, sin asomarme, a escuchar la conversación. Sofía parece alterada y enfadada como nunca la he visto.

—Te necesito ya. No puedo mantener a la gente ocupada y encargarme de ellos a la vez. Y te juro que anulo la boda si mi vestido acaba manchado de sangre de pesanta.

Untitled


Mi intención no es continuarla, pero si a alguien le interesa que lo haga podrís subir algún fragmento más.

Singular: 1 comentario en “La boda I: relato paranormal”

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s