El debate sobre el lenguaje inclusivo

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Últimamente este es un tema del que es dificil escapar y es que cada persona tiene una opinión muy diferente del tema. Hace unos meses se reabrió el debate cuando la directiva de la RAE parecía estar planteándose si incluir un registro no discriminatorio. Algunos celebraron la iniciativa, otros… incluso amenazaron con dejar sus puestos de trabajo si se llegaba a hacer.

Es innegable que cada vez hay más personas que se sienten discriminadas por el uso del lenguaje. Nos puede parecer bien o mal, pero es una realidad que existe.

Personalmente sí considero que es necesario un cambio en el lenguaje, pero tampoco he encontrado una solución que me resulte satisfactoria todavía. El uso de “e” como genérico neutro no me convence, primero porque me suena raro y segundo porque le sirve tanto para neutro como para masculino, así que estaríamos ante una versión más suave de la misma situación. Seguiré buscando una solución que me deje satisfecha, pero por el momento mi opinión no es el tema central de este artículo.

Son varios colectivos los que reclaman un lenguaje más inclusivo: mujeres, comunidad LGTBIQ+, ciertas profesiones… Y todos ellos coinciden en que es importante realizar un cambio, pues la forma de hablar, a la larga, condiciona la forma de pensar de una sociedad.

Otras personas, en cambio, consideran que hay temas más importantes que tratar como para perder tiempo en estas cosas, que hoy en día la gente está muy sensible con todo. Es cierto que hay cosas más importantes, pero prestar atención a esto no significa olvidarse de todo lo demás. Es posible que la gente haya sido sensible siempre, solo que ahora tienen la forma de hacerse oír y han descubierto que hay más personas que opinan como ellos.

Considero que es importante prestar atención cuando alguien se queja de algo. Quizá no estemos de acuerdo con su protesta, con su forma de expresarla o incluso estemos en contra, pero antes de dar una opinión es útil entender por qué es algo que les molesta.

En cualquier caso. ¿Necesita la gente permiso para utilizar un lenguaje inclusivo?

¿Quién determina lo que es o no correcto a la hora de hablar?

Hoy en día, correctores, escritores y cualquier persona que se vea metida en un debate sobre gramática o lengua acudirá a la web de la RAE tan rápido como un cristiano viejo habría acudido a la inquisición al descubrir a un falso converso.  Pero ¿es realmente poseedora la Real Academia de un poder tan absoluto? La respuesta es no, la RAE se adapta al lenguaje y no el lenguaje a la RAE.

Lo que realmente determina las normas gramaticales de una lengua es el devenir histórico y el pacto entre los hablantes. Son ellos quienes dictan las normas aún sin saberlo. Es por eso que las normas están sometidas a cambios de manera más o menos frecuente. La RAE y demás instituciones lingüísticas están ahí solo para recoger las normas actuales. Para que nos entendamos, son los secretarios del idioma.

Entonces, ¿puede la RAE decidir si el lenguaje inclusivo es correcto?

Por todo lo mencionado antes, la respuesta es no. Puede recordarnos que actualmente el uso de “e” final no está recogido en las normas gramaticales del español (o castellano, me da igual, ese es otro interesante debate), pero no puede prohibir a la gente su uso.

Eso no significa que cualquier persona pueda modificar la lengua como se le antoje. Eso provocaría una anarquía lingüística. La lengua es flexible, pero no puede ser usada a la ligera.

En conclusión, ¿es posible que el lenguaje inclusivo llegue para quedarse?

La mala noticia es que esa decisión no depende de cada uno de nosotros. La buena es que si la gente suficiente empieza a usarlo por costumbre durante el tiempo suficiente, la RAE no tendrá más remedio que admitir su existencia.

Yo, por mi parte, no me ofendo porque un camarero se dirija a mi grupo de amigos con un “chicos, ¿qué os pongo?”. Al fin y al cabo él está haciendo un uso correcto del lenguaje y asumo que no es tan tonto como para pensar que todos somos varones. Ahora, es más que seguro que recibas una mirada asesina ante expresiones del tipo hacer algo “como una chica” o “eso es de maricones”.

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“Te voy a enseñar cómo lo hace de verdad una chica”

Quiero especificar que no me he inventado nada de esto. Es más, prácticamente he resumido el primer capítulo del libro Saber hablar del Instituto Cervantes (Ed. Aguirlar). Aun así me gustaría mucho conocer vuestra opinión. Dejad un comentario y, si os ha gustado, no dudéis en compartir este artículo.

Plural: 4 comentarios en “El debate sobre el lenguaje inclusivo”

  1. Nota: He decidido que voy a ir en orden tal cual lo has expuesto tu para no acelerarme mucho.
    En primer lugar, me gustaría preguntarte por alguno ejemplo de palabras que denoten a individuos del sexo masculino y terminen en “e”. Descarta inmediatamente cualquiera que termine en “ente” pues es un sufijo que señala a una persona (sin sexo determinado) que lleva a cabo una acción. Todas las posteriores adiciones como sirvienta o presidenta demuestran una incomprensión sobre la utilización de dicho sufijo.
    En segundo lugar, me gustaría sugerir, como sustitución de la “e neutra”, la “i”. ¿Sabes lo divertidi que sería hablar de todis así?
    Y, esto me lleva a la tercera cuestión, de cosecha propia: ¿por qué se empeñan en cambiar el género de los nombres y los adjetivos y no lo hacen de los verbos? “Comemos” es tan masculino como “nosotros”. Así que “nosotris comemis polli a la plancha”…
    Y, por último, para terminar mi crítica a la “e neutra”, ¿si el objetivo es eliminar cualquier mera apreciación del sexo, por qué no eliminamos completamente la “a” y la “o” de nuestro alfabeto? Y ya, de paso, ¿para qué necesitamos todas la vocales? ¡Hablemos solo con “is”! (“Hiblimis sili quin is”… esto me empieza a recordar a la canción de la hormiguita en la pancita).
    Después de esta preciosa y ácida crítica, tengo que decir que estoy a favor del lenguaje inclusivo hasta cierto punto: si existe una palabra que define un colectivo (vecindario para los vecinos y vecinas, por ejemplo), mejor utilizarla, pero nunca desdoblar (los alumnos y alumnas, los padres y madres, los niños y niñas, etc); en caso de que no exista palabra, sí apoyaría que se creara una (inicialmente sería artificial, lo sé) o te diriges al colectivo a veces en masculino a veces en femenino, tal como hacen los anglohablantes con el “he” y el “she” de la tercera persona si no conocen el sexo de objeto o hablan de forma indeterminada y genérica).
    Otra gran opción, dado que claramente no “nos” gusta nuestra lengua, que tiene tanta tendencia al género (todas las palabras tiene género). ¿Por qué la seguimos utilizando? ¡Pasémonos a una lengua menos “sexual”! El inglés, por ejemplo.
    Y dicho todo esto, me ha encantado este estudio sobre quién cambia el lenguaje.

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  2. A mi el uso de la e tampoco me parece correcto. Sí que veo que se puede hacer un cambio, y fácil además, a la hora de referirnos en femenino o masculino hacia un grupo de personas. Según me enseñaron en la escuela, con que tan solo haya un varón en el grupo, ya se usa el masculino, aunque esté en minoría. ¿No sería más justo que, si somos dos chicos y tres chicas, se refieran a nuestro grupo en femenino?
    Por cierto, esta comparación es fantástica:
    “Acudirá a la web de la RAE tan rápido como un cristiano viejo habría acudido a la inquisición al descubrir a un falso converso.”

    Le gusta a 1 persona

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