¿Existía el matrimonio homosexual en la edad media?

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Estreno nueva sección sobre historia LGTBIQ+. Aunque ya había escrito alguna cosita al respecto, ahora es oficial: quiero publicar más porque creo que es algo muy desconocido y con muchísimos bulos.

Espero que te resulte interesante y que a los dos nos sirva para aprender. Si conoces algún tema que creas que pueda ir bien en esta nueva sección, déjame un comentario y te estaré muy agradecida.

Ahora sí, vamos al lío.


Que la homosexualidad ha existido y existirá a lo largo y ancho de la historia de la humanidad es un hecho. Podemos fingir que no e incluso modificar la historia para hacer desaparecer esa parte si nos resulta incómoda, pero, nos guste o no, va a seguir ahí. Me parece muy significativo el ejemplo de la película de Troya, en la que se decidió que Patroclo ya no era el amante y maestro de Aquiles, sino su primo (además de rejuvenecer casi hasta la adolescencia a quien sería el más maduro de la relación).

Patroclo y Aquiles
Spoiler: Patroclo se sacrifica por su amante, pero has tenido casi 3000 años para echarle un ojo a la historia.

La sexualidad en Grecia y otros pueblos antiguos es otra historia y ya la contaremos en otro momento. Hoy quiero que nos quedemos un poco más cerca: la edad media.

Adelfopoiesis o juramento de fraternidad:

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“Susan J. Myrick (1826-1917) and Margaret Leggitts (1831- ) Together in life. Together forever in death.” Juntas en vida. Juntas para siempre en la muerte.

Antes de que alguien ponga el grito en el cielo: La adelfopoiesis no es un matrimonio homosexual en sí mismo. Literalmente significa “hacer hermanos” (En griego: adelfós=hermanos y poió=hacer).

Se trata de una ceremonia cristiana para unir a dos personas del mismo sexo. Estas compartían hogar, posesiones e incluso eran enterradas en el mismo lugar.

En lugares como Inglaterra o Irlanda no es raro encontrar tumbas de dos hombres o mujeres enterrados juntos, cuyas lápidas muestran unas inscripciones bellísimas y llenas de cariño.

 Las descripciones del ritual que se han encontrado dejan ver las enormes similitudes con el matrimonio convencional. Se presentan ante el altar, se recitan oraciones, se les une en el amor, reciben regalos, intercambian besos… Y lo más significativo, son enterrados juntos tras su muerte.

Lápida de sir william neville y sir john clanvowe
Lápida de sir William Neville y sir John Clanvowe (1391). Mezquita Arap Camii. Estambul.

Pero, el nombre significa “hermanamiento”, no dice nada de “matrimonio” ni “pareja del mismo sexo” ¿No pueden ser interpretaciones modernas?

¿Interpretación? Quizá. ¿Moderna? No tanto.

Ya en la literatura de la época hay bastantes documentos, sobre todo relatos populares, que le dan una connotación romántica a esta unión. Horn y Ayol, Adam Bell, Floris y Blancheflour, Bewick y Graham o Amys y Amilion, por citar algunos ejemplos.

Quizá, una de las pistas más sospechosas la tenemos en el texto de algunas lápidas funerarias de estas parejas:

Así como Dios los había unido en vida a través de la armonía y el amor, así no quiso que estuviesen separados en la muerte”.

Traducción de inscripción en una lápida británica.

A algunos puede que nos recuerde a esta otra:

Pues bien, lo que Dios unió no lo separe el hombre”.

Jesús sobre la idivisibilidad del matrimonio. Mateo 19.

En contraposición a todo esto, los estudios del historiador británico Alan Bray, buscan un sentido más práctico a esta unión. Con ella, los hombres (era una unión mayoritariamente masculina. Entre mujeres no se empieza a ser habitual hasta la segunda mitad del siglo XVII) no solo compartían hogar, también juraban defenderse el uno al otro con las armas. Era una unión que afectaba incluso a las familias y, en ocasiones, se cree que pudo ser fomentada por los padres. Si uno de los “hermanos” se casaba, tenía hijos y después moría, su “hermano” tenía la obligación de proteger y cuidar a su familia. Aunque esa función la podía cumplir también un padrino.

Si hubo o no castidad en estas uniones, no creo que sea algo que se pueda contestar de forma uniforme. Sin duda, algunas uniones serían una unión práctica de protección mutua. Sin embargo, en otras muchas ocasiones, hay un gran espacio para las dudas de si quizá no fuera utilizada para poder mantener una relación romántica socialmente aceptada con una persona del mismo sexo.

Un último ejemplo de la fuerza de esta última teoría. Este fragmento está sacado de una crónica oficial de la guerra civil británica:

Cuando el hijo del rey lo vio, sintió tanto amor que realizó un hermanamiento con él y se decidió resolutamente ante todos los mortales a entrelazar una liga indisoluble de amor con él”.

Sobre el futuro rey Eduardo II de Inglaterra (1284-1327) y Piers Gavestone (1284-1312) conde de Cornualles.

Mientras que la crónica del monasterio cisterciense de Meaux comenta literalmente que Eduardo se deleitaba especialmente con el vicio sodomítico.

Además, los chistes sobre las connotaciones homosexuales de este tipo de uniones, son habituales a lo largo de toda la edad media.

Pedro Díaz y Muño Vandilaz

El 16 de abril de 1061, Pedro Díaz y Muño Vandilaz, se unían en hermandad en la ermita de Santa María de Orden, en Orense. Desde ese día pasarían a compartir su hogar. El documento que lo acredita se encontró en el monasterio de Celanova y, actualmente, se encuentra en el Archivo Histórico Nacional de Madrid y podría ser la unión entre dos hombres más antigua registrada hasta la fecha en España.

Pedro Díaz y Muño Vandilaz decidieron unir sus vidas, su vivienda y sus posesiones ante los ojos de los hombres y de la Iglesia. Aunque esto en sí no tendría por qué significar nada más. Lo interesante de este caso es que se conserva el documento que firmaron:

pedro díaz y muño vandilaz pactamos entre nosotros y para conocimiento de los demás, por escrito legal firmado el 16 de abril de 1061, en lo relativo a la casa y a la iglesia de santa maría de órdenes, que poseemos los dos y en la cual somos iguales en trabajo, en acoger visitas, en cuidarla, decorarla y gobernarla, así como plantar, edificar y trabajar en la huerta. somos también iguales en el cuidado al vestirnos, en alimentarnos y beber. y que uno no dé nada a nadie, ni extranjeros ni huéspedes, sin el consentimiento del otro, por honor a nuestra amistad y a la de ellos. y dividiremos a partes iguales el trabajo de la casa y encomendaremos por igual y sostendremos a nuestros trabajadores por igual y con dignidad. y seremos uno para los demás buenos amigos con fe y sinceridad, teniendo por igual los mismos amigos y enemigos todos los días y todas las noches, para siempre. y que habitemos dicha casa en igualdad. y no permitamos que uno mande sobre el otro en aquella casa de la villa de santa maría, ni que tengamos malos augurios con ningún dueño o dueña, ni que tengamos a ningún hombre vivo en menos estima por su causa durante toda nuestra vida. y que no tengamos ningún pleito por los límites de la casa, y si mintiésemos alguno a los demás, y por causa de la mentira enviásemos malos augurios a los otros y rompiésemos lo acordado, quien tales cosas hiciese pague 100 sueldos y tenga su verdad. y si pedro muriese antes que muño, dejará a muño la propiedad y los documentos. y si muño muriese antes que pedro, le dejará la casa y los escritos. pedro y muño corroboramos este acuerdo dándonos la mano.

estuvieron presentes: gudesindo de muño, fullenzo froilán y de visterlán.

froilán, testigo, y rodrigo, testigo, y otros muchos hijos bien nacidos, en la reunión leonesa fue confirmado y firmado.”

¿Qué opinas? ¿Crees que la adelphopoiesis era una excusa para esonder relaciones románticas o solo es una interpretación? Me interesa tu opinión.

Si quieres saber más, Carlos Callón es el autor de “Amigos e sodomitas” un estudio sobre estos dos personajes gallegos que defiende la teoría de una unión homosexual. Aunque actualmente su trabajo (ganador del XVI Premio Vicente Risco de Ciencias Socias) solo está en gallego. Esperemos que pronto sea traducido a castellano.

Y si quieres saber más sobre este tema, visita la sección Historia LGTBIQ+.

Historia del vestido

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