Manuela Sáenz: independentista hispanoamericana

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Borrada de los libros de historia durante mucho tiempo, recuperada más tarde para ser relegada al papel de amante de Simón Bolivar. En el siglo XX, los historiadores resaltaron su belleza y su generosidad en el amor, pero silenciaban su librepensamiento, su rechazo al fanatismo religioso y su participación activa en la guerra de la independencia.

Aprendió a montar desde pequeña y participó en la guerra como soldado, usando armas y creando estrategias de espionaje. Recnunció a un matrimonio que no la satisfacía y convirtió publicamente a Simón Bolivar en su amante, pese a las estrictas normas morales del momento.

“Señores Generales, no nos permitieron unirnos a ustedes; tanto Jonathás como Nathán -las dos negras que la acompañaban- sienten como yo el mismo interés de hacer la lucha porque somos criollas y mulatas y al igual que a ustedes nos pertenece la libertad de este suelo…”

Manuela Sáenz.

Primeras influencias:

Manuela Sáenz

Nacida de una relación adúltera en Quito en 1795. Su madre fue una criolla que murió poco después de su nacimiento. Su padre, un hidalgo español, la puso bajo la tutela de un convento, aunque visitaba la casa paterna a menudo y llegó a tener una muy buena relación con su medio hermano José María Sáenz. Incluso la esposa de su padre la trataría con cariño y se preocupó por su educación. No obstante, su carácter siempe se definió como explosivo y presentaría de adulta un marcado rechazo a la “mojigatería” de la sociedad.

Cuando tenía 14 vivió la primera revolución independentista de Quito (Ecuador). En ella participaron muchas mujeres, entre ellas Manuela Cañizares a quien admiraría como a una heroína. La independencia solo duraría un año y la crueldad con la que encerraron y asesinaron a los rebeldes (conocidos allí como patriotas) hicieron nacer en Manuela un creciente sentimiento antiespañol, incluyendo a su propio padre.

Caballeresa de la revolución:

A sus 22 años, su padre la comprometió con James Thorne, un comerciante británico de más de cuarenta años, y se iría a vivir con él a la ciudad de Lima (Perú). Se dice que se vio obligada a aceptar para esconder una aventura que tuvo a los diecisiete años con Fausto D’Elhuyar, sobrino e hijo de los descubridores del Tungsteno tras abandonar por su propio pie el convento.

Rosa Campuzano

En Lima conocería a Rosita Campuzano (una mujer cuyo papel en la indepencia sería silenciado igual que el de Manuela y a quien solo se recordará por ser la amante del general José de San Martín, “El protector de Perú”), con quien comenzó su actividad a favor de la revolución.
Ellas filtraban información de los castillos de los virreyes para dárselo a los independentistas José de San Martín y Simón Bolivar (sus futuros amantes), logrando así que la independencia llegara a la ciudad de Lima.

Por esta actividad imprescindible para la revolución, ambas recibieron la “Orden del Sol de Perú” y fueron nombradas caballeresas del Sol.

La batalla de Pichincha y la corona de flores:

Poco después, Manuela regresará a Ecuador para reclamar su herencia tras la muerte de su tía materna. Abandona a su marido y acompaña a su medio hermano, José María, quien es ya oficial del ejército revolucionario. Este acto suponía una ruptura abismal con las buenas costumbres de la época y sería una de las causas de la mala fama que posteriormente ensombrecería la imagen de Manuela (Lo que no se suele contar, es que Thorne mantenía una relación con una vieja amante con la que tenía ya dos hijos).

No puedo amar a un hombre que ríe sin reír, que respira pero no vive y que me genera las más agrias repulsiones”.

Manuela Sáenz sobre su marido James Thorne

En Quito, entablaría amistad con el comandante Antonio José de Sucre, el Gran Mariscal de Ayacucho, a quien se uniría para la batalla del volcán Pichincha (Quito), batalla que selló la independencia de Ecuador. Manuela, quien no pudo combatir por su género, donó animales y dinero y participó en las decisiones logísticas. Durante la batalla, se quedó en la retaguardia atendiendo a los heridos.

Días después de la victoria de los revolucionarios, llegó a Quito Bolivar, ya presidente de la Gran Colombia (Territorio formado por la actual Colombia, Venezuela y, tras esta batalla, también Ecuador. Durante el desfile, Manuela tiró una corona de flores a los pies del caballo de Bolivar, con la mala suerte de que dio al presidente en el pecho.

Señora: si mis soldados tuvieran su puntería, ya habríamos ganado la guerra a España”.

Simón Bolivar a Manuela.

Tras encontrarse con Bolivar en un baile, ambos comenzarían una relación que duraría hasta el final de sus vidas (aunque eso no impediría que el presidente tuviera otras relaciones con otras mujeres). Manuela sería muy criticada por ello, ya que seguía siendo una mujer casada y estuvo muy mal vista por la sociedad de la época.

Guerrera y libertadora del libertador:

Generala Manuela Saenz

Manuela, con un uniforme militar que le regaló el propio Bolivar, comenzó a participar de forma más activa en las contiendas. Volvió a Lima tras la muerte de su padre y sofocó allí varios levantamientos. Durante el día, se vestía de soldado y patrullaba junto a sus dos esclavas y amigas (hoy en día esta dualidad nos parece impensable). Por todos sus logros será nombrada miembro del Estado Mayor del Ejército Libertador.

Mas tarde luchó junto a Sucre en la batalla de Ayacucho, donde se unió primero a la compañía de Húsares y más tarde a la de Vencedores. Será considerada una heroíana de guerra y ascendida de rango militar (deconozco a cuál). Por esta razón, Bolivar recibirá grandes críticas del vicepresidente de Colombia, Francisco de Paula Santander, quien exige la degradación de Manuela ya que considera denigrante para los militares que se conceda un reconocimiento así a una mujer.

Manuela se trasladará a Colombia y mantendrá vigilado a Santander, de quien descubre que está conspirando contra Bolivar. En una fiesta, Manuela fingirá fusilar a un muñeco que representa al vicepresidente, logrando enemistarse tanto con él como con Bolivar.

Tiempo después, los conspiradores intentaron asesinar a Bolivar, pero Manuela estaba al corriente y preparada para evitarlo. Logró dar tiempo a Bolivar para ponerse a salvo tras escapar por la ventana que ella le indicó.

Los responsables fueron capturados y ejecutados. Santander fue acusado de traición, degradado, expulsado con deshonor y condenado a ser fusilado por la espalda. Finalmente se rebajó el castigo y solo fue exiliado.

Por estos hechos, Bolivar llamó a Manuela la libertadora del libertador.

Exilio y últimos años:

Manuela Saenz

Aunque sobrevivió, Bolivar se vio muy afectado por el intento de asesinato. Su salud empeoró y presentó su dimisión a la presidencia, falleciendo poco después, lo que supondría el principio de la decadencia del proyecto de la Gran Colombia. La muerte de Bolivar afectó muhco a Manuela, quien en un primer momento intentó suicidarse sin éxito.

Francisco de Paula Santander accede al gobierno y Manuela es desterrada. Con el cambio de presidencia, intenta regresar a Quito, pero su pasaporte fue revocado por el nuevo presidente Vicente Rocafuerte, quien famoso por su moral y política conservadoras, se refirió a ella en muy malos términos.

Gracias a la intervención y el apoyo de viejos amigos y aliados, consiguió que le permitieran asentarse en Paita, al norte de Perú, donde fue visitada por muchos personajes ilustres. Durante 25 años, trabajó haciendo dulces y bordados, vendiendo tabaco o haciendo de traductora hasta que murió de difteria y fue enterrada en una fosa común.

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Manuela en la historiografía:

Hoy en día se la reconoce como una de las grandes personalidades defensoras de la independencia de los países sudamericanos y como destacada defensora de los derechos de la mujer contra el fanatismo religioso y moral.

Fue muy criticada en su tiempo por su caracter provocador y su influencia política. Fue ignorada por la historiografía décadas después de su muerte y posteriormente se tejió una leyenda romántica y sexual en torno a ella que sigue muy presente en el pensamiento de hoy en día.

Hace menos de medio siglo que se ha revisado su papel en la historia. Si quieres conocer más sobre esta mujer o conocer mis fuentes, te recomiendo los trabajos de la historiadora y escritora ecuatoriana Jenny Londoño.


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Catalina de Erauso: la monja alférez

Hace tiempo que quería empezar a escribir sobre personajes singulares de la historia que muy poca gente conoce. Me refiero a mujeres que se salieron del lugar que la sociedad había marcado para ellas: mujeres soldado, faraón, reinas, sabias, rebeldes…

He querido empezar por la mujer que ha inspirado a uno de los personajes principales de mi nueva novela. Al escribir histórica siempre me encuentro en la tesitura de hacer personajes femeninos fuertes o hacerlos creíbles, pero gracias a ella he conseguido hacer las dos cosas.

Independiente, violenta, lesbiana y vividora: todo lo que una mujer no debía ser

Lady BriennePrimeros años

Nada tiene que envidiar a personajes tan aparentemente fantásticos como Lady Brienne o Aria Stark de juego de tronos. Aunque, repasando su biografía no se puede decir que Catalina haya sido tan honorable. Su vida no es precisamente un ejemplo a seguir, pero eso es lo que la hace tan interesante.

Nació a finales del siglo XVI, en San Sebastián, Gipúzcoa. Durante sus primeros años la dejaron jugar con la espada junto a sus hermanos. No tardaron en darse cuenta de que la niña les estaba saliendo “poco señorita” y con tan solo cuatro años la mandaron junto a sus hermanas a ser educadas a un convento. Allí no fueron capaces de controlar su temperamento y pronto la trasladaron a un monasterio mucho más estricto, donde se pasaba casi todo el tiempo en la celda debido a sus continuas peleas. A los quince años se cortó el pelo, se vistió de hombre y se escapó del convento para siempre.

Fugitiva

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La actriz María Féliz como Catalina (1914)

Después de un tiempo vagabundeando encontró cobijo en Vitoria, en la casa del marido de una prima de su madre, un catedrático que comenzó a enseñarla latín. Pese a todo, el universitario tenía las manos muy largas y, tras un intento de abuso sexual, Catalina cogió el dinero del hombre y se marchó sola hacia Valladolid. Tomó el nombre de Francisco de Loyola y sirvió como paje del secretario del rey, Juan Idiáquez. Pero una vez más tuvo que hacer las maletas cuando se encontró con su padre, buen amigo del secretario, que la estaba buscando por todas partes. Lo más curioso es que pese a mantener una conversación, su padre no reconoció en Francisco de Loyola a su propia hija.

Volvió a vagabundear y fue detenida por herir con una piedra a un joven que había intentado asaltarla en grupo. Permaneció un mes en la carcel por aquello. Después de eso tuvo algo más de suerte y logró permanecer dos años al servicio de un importante señor navarro. Tras ese tiempo, aburrida quizá de ese estilo de vida, abandonó su trabajo y volvio a San Sebastián. Vivió como un hombre, pero mantenía contacto con su familia e, incluso, iba a misa en su antiguo convento.

La llamada de las Indias

catalinadeerauso-560x792Con solo 18 años consiguió un puesto como grumete en el galeon capitaneado por Esteban Eguino, primo de su madre. El primer contacto de Catalina con América fue una batalla naval con unos piratas holandeses en Venezuela, de la que el galeón salió victorioso. Después de un viaje por toda la costa occidental de América del Sur, el galeón se disponía a regresar a España, pero Catalina tenía otros planes. Mató a su tio de un dispario y le robó 500 pesos con los que iniciar su nueva vida.

Se puso al servicio de un mercader de Trujillo, quien acabaría dándole casa, ropa, dinero y tres esclavos negros. Pero su tranquila vida no dudaría mucho (nunca le duraba mucho). Se peleó con un joven en un corral de comedias porque este le dijo que le impedía ver el escenario con claridad, se retaron y le rajó la cara, por lo que acabó en prisión. Su amo llegó a un acuerdo con la familia del joven y ofreció a Catalina la libertad a cambio de casarse con la tía del joven, pero se negó ya que no quería que su condición de mujuer fuera descubierta. Cuando salió de prisión, el mercader le puso una tienda en otra ciudad, pero el joven de la cara cortada fue a buscarla junto a dos amigos para retarla de nuevo. Catalina aceptó el reto y uno de los amigos del joven acabó muerto y ella, nuevamente, encarcelada. Cuando salió, el mercader decidió que poco más podía hacer, así que le dio algo de dinero y una carta de recomendación, y Catalina se fue a Lima.

Allí estuvo nueve meses trabajando en casa del Cónsul mayor de Lima, hasta que fue descubierta “andándole entre las piernas” a la hermana del cónsul.

Carrera militar

Desempleada y con cada vez menos lugares a los que poder volver, Catalina se unió a un reclutamiento para la conquista de Chile. En las campañas contra los mapuches, Catalina descubrió su lado más violento y cruel, masacrando a una enorme cantidad de indígenas. Tras la campaña, permaneció en casa del secretario del gobernador, Miguel de Erauso, su hermano, quien, no obstante, no la reconoció. Probablemente por otro lío de faldas fue desterrada a tierra de indios, donde continuó luchando contra los mapuches al servicio de la corona.

Llegó a convertirse en Alférez y, en la batalla de Purén, murió el capitán de su compañia, asumiendo ella el mando y ganando la batalla. Esto habría significado su ascenso inmediato si no hubiera habido una lista interminable de quejas hacia ella por su crueldad contra los indios. Frustrada, mató a numerosas personas que se cruzaron en su camino, causar daños en sitios públicos y quemar campos enteros. Asesinó al auditor general de la ciudad de Concepción, por lo que volvió a prisión durante seis meses. Al salir, asesinó a Miguel de Erauso (su hermano y secretario del gobernador), por lo que fue encerrada otros ocho meses.

Huyó a Argentina cruzando los Andes y fue recogida al borde de la muerte y llevada a Tucumán. Allí se prometió con dos jóvenes y, sin casarse con ninguna, se llevó el dinero y los bienes que le habían regalado por los compromisos, huyendo hacia Potosí, para entrar de nuevo al servicio militar. En la ciudad de la Plata fue acusada de un delito (¡¡¡qué no había cometido!!!) y torturada, pero finalmente fue liberada. Entonces comenzó a traficar con trigo y ganado.

A partir de aquí comienza a pasar más tiempo huyendo de la justicia por distintos motivos que ninguna otra cosa. Varias veces se refugió en sagrado. Rencillas de juego, lios de faldas, tráfico… Hasta que fue condenada a muerte. Fingió confesarse para poder escapar y se fue a Cuzco. Pero por otra disputa, fue nuevamente detenida allí.

Del cadalso a la fama

220px-Catalina_de_ErausoViendo tan cerca la muerte, Catalina confesó que era una mujer y, no solo eso, que había sido criada en un convento. Hasta ese momento, nadie había revelado nunca su identidad y fue necesario el estudio de un grupo de matronas que fonfirmaron, no solo que se trataba de una mujer, sino que, además, era virgen. El obispo Agustín de Carvajal la tomó bajo su protección y fue traída a España. Fue recibida por el rey Felipe IV de España, quien mantuvo su graduación militar y la apodó “la monja alférez”, permitiéndole emplear su nombre masculino y cobrar una pensión por sus servicios en Chile. Su fama se extendió por Europa y Catalina fue recibida por el Papa Urbano VIII en Roma.

Regresó a América y creó una empresa de arriería. Allí pasó sus últimos años y la historiografía le pierde la pista, por lo que hay diversas teorías sobre cómo pudo ser su muerte. Sin embargo, nunca ha desaparecido del todo de la historia. Ella misma escribió una autobiografía que fue copiada y reeditada continuamente hasta que se hizo conocida ya en el siglo XIX. También hay referencias a Catalina en otros documentos históricos de la época, así como en novelas y películas actuales.

¿Has leído o visto alguna de ellas? ¿Conocías a Catalina o a algún otro personaje así de singular? Déjame un comentario y cuéntamelo. ¡Me encantará comentarlo contigo!

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